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La Equidad entre los Géneros Imprimir E-mail

 

INTRODUCCIÓN

La equidad

Equidad no es lo mismo que igualdad. Paralelamente, no toda desigualdad se considera inequidad. La noción de inequidad adoptada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la OPS se reserva para las desigualdades que son “innecesarias, evitables e injustas”  Así, mientras que la igualdad es un concepto empírico, la equidad constituye un imperativo de carácter ético asociado con  principios de justicia social y de derechos humanos.
 
Desde el punto de vista operativo, la equidad en salud comprendería eliminar las disparidades evitables en la salud y sus determinantes entre grupos humanos con diferentes grados de privilegio social .
 Es preciso subrayar que el problema no es que existan desigualdades, sino que las desigualdades pongan sistemáticamente en desventaja a un grupo.

El género

Género no es sinónimo de sexo. Sexo alude a las diferencias biológicas entre el hombre y la mujer, mientras que género se refiere al significado social construido alrededor de esa diferencia, basado fundamentalmente en la división, según el sexo, de los roles y el poder. Género tampoco equivale a mujer. El concepto de género no se aplica a la mujer en sí misma —ni tampoco al hombre—, sino a las relaciones de desigualdad entre mujeres y hombres (o entre los ámbitos masculinos y femeninos) en torno a la distribución de los recursos, las responsabilidades y el poder.

DIMENSIONES DE LA INEQUIDAD DE GÉNERO EN EL ÁMBITO DE LA SALUD

Adoptar la perspectiva de género en el campo de la salud implica vincular la división por sexos del trabajo y el poder con los perfiles epidemiológicos de una población y con las características de accesibilidad, financiamiento y gestión del sistema de salud. La OPS se interesa en abordar las cuatro dimensiones de la inequidad de género que se mencionan a continuación:

• El estado de salud y sus determinantes socioeconómicos,
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• La asignación de recursos y el acceso efectivo a la atención de acuerdo con la necesidad,
• El financiamiento de la atención según la capacidad de pago, y
• La distribución del poder y la carga de responsabilidades en el cuidado de la salud.

El estado de salud

Al hablar de equidad de género en el estadode salud, con frecuencia se pone en tela de juicio el énfasis en las mujeres, considerando que los hombres viven menos años y experimentan mayor mortalidad que ellas en todas las edades. Ciertamente,  las mujeres sobreviven a los hombres y la mortalidad masculina tiende a superar a la femenina a cualquier edad, incluso in utero, y la diferencia es especialmente pronunciada durante la etapa perinatal.

En  este contexto, es importante resaltar dos factores:

• La ventaja de supervivencia no equivale necesariamente a una mejor salud.
Por el contrario, las observaciones empíricas indican que las mujeres tienden a experimentar mayor morbilidad que los hombres a lo largo del ciclo vital. Esta se expresa en incidencias más altas de trastornos agudos, una mayor prevalencia de enfermedades crónicas no mortales, y niveles más altos de discapacidad en el corto y largo plazo.

• Las causas evitables de enfermedad y muerte son diferentes en mujeres y hombres.
Un ejemplo crítico de un daño evitable que afecta exclusivamente a las mujeres es el de las complicaciones del embarazo y el parto, las cuales continúan figurando en la Región entre las primeras causas de mortalidad de las mujeres en edad reproductiva. Por su carácter prevenible e injusto, la OPS ha calificado la mortalidad materna como el reflejo más claro de la discriminación y de cómo su baja categoría social perjudica a las mujeres.

Las causas de mayor mortalidad masculina, particularmente en la población adulta joven, se relacionan con accidentes, violencias, suicidios y conflictos armados. En estas categorías, las tasas de mortalidad de los varones llegan a ser de 5 a 20 veces más altas3 que las de las mujeres. Son causas, evitables también, que reflejan comportamientos de riesgo abiertamente  asociados con la división social de roles según sexo y las correspondientes expectativas culturales de “hombría”. En la misma línea de mortalidad masculina ligada a comportamientos de riesgo tolerados y estimulados mayormente entre los hombres, aparecen causas tales como el cáncer de pulmón, la cirrosis hepática y el sida.

Cabe hacer hincapié en que, aun con manifestaciones diferentes según el sexo, la rigidez en la separación de roles, las relaciones desiguales de poder entre hombres y mujeres, y las exigencias sociales asociadas con el ejercicio del poder —inter e intragéneros—, ejercen efectos claramente negativos sobre la integridad física, psicológica y social no solo de las mujeres sino también de los hombres.

 

TOMADO DE “Equidad, género y salud: retos para la acción”
Elsa Gómez Gómez en:
http://www.paho.org/Spanish/HDP/HDW/GenderEquity.pdf