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El 17 de mayo de 1990, la Organización Mundial de la Salud (OMS) quitó a la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales. En conmemoración de ello, en México se celebra esta fecha como el Día Nacional de Lucha contra la Homofobia y atendiendo al reconocimiento hecho por la Organización Mundial de la Salud de que la homofobia es un factor fundamental en la expansión del sida, el 2 de agosto de 2008 se celebró en México la 1ra Marcha Internacional contra el Estigma, la Discriminación y la Homofobia, con la participación de activistas gays y de funcionarios a nivel mundial y nacional, y de muchas y muchos ciudadanos sensibilizados frente a este tema. Incluso funcionarios que en algún momento habían rechazado vincularse a esta lucha, como el Secretario de Salud de México, estuvieron presentes. Sin embargo, la gran limitación de la convocatoria de esta marcha es que no denuncia el hecho real de que la homofobia nos lastima a todos, hombres y mujeres de cualquier orientación sexual y pone en peligro nuestra salud, porque no está claro qué es la homofobia. En este artículo proponemos una definición de la homofobia más amplia que la tradicional, que permite entender que todas y todas, heterosexuales y homosexuales, niños y niñas, hombres y mujeres, somos victimas de este padecimiento social y todos debemos contribuir a su erradicación. Veamos. El término homofobia aparentemente fue usado por primera vez en 1973 por Martin Weinberg. Ha tomado diversos significados, como: “rechazo a la homosexualidad”, “miedo a estar con un homosexual en un espacio cerrado”, “denigración en los hombres de cualidades consideradas femeninas y, en cierta medida, de las cualidades consideradas masculinas en las mujeres” y “el temor, la ansiedad, el miedo al homoerotismo.” En CECASH, a través de 12 años facilitando procesos de terapia y asesoría psicológica individual, de pareja y familiar y trabajando en “talleres de autoestima y revalorización de las homosexualidades”, con parejas serodiscordantes (donde uno de los miembros de la pareja vive con el virus de inmunodeficiencia humana –VIH- y el otro no), así como desarrollando acciones de prevención del VIH basadas en el incremento de habilidades para la vida (empoderamiento), hemos observado que: Un hombre gay que vista de cuero o mezclilla (leather) y lleve a otro hombre del hombro, será menos atacado que un hombre que vaya vestido de mujer acompañado de su esposa (travesti heterosexual). Un hombre con un marcado aspecto masculino que presume de haber penetrado a otro hombre, será aprobado y admirado por sus pares, mientras el que fue penetrado, será devaluado por ello, sobre todo si admite que lo disfrutó. Si dos amigos se muestran mutuamente afecto aunque no tengan ningún interés sexual entre ellos, pueden ser considerados “sospechosos de homosexualidad” y sufrir rechazo y/o presión social. Un hombre al que le gustan la mujeres (heterosexual) puede sentirse angustiado cuando le muestra afecto a su hijo varón, al considerar que “puede volverlo homosexual” y entonces transforma su afecto en dureza para que eso no suceda, rompiendo la comunicación con su hijo. Cuando una mujer no se apega al modelo tradicional de ser mujer, por ejemplo: no cocina o no se viste “femenina”, es independiente y es capaz de hacer actividades consideradas de hombres, puede ser agredida al ser calificada como lesbiana. Todos los ejemplos anteriores nos muestran claramente que lo que se considera “raro” y “despreciable” y, por eso se ataca socialmente, no es el deseo de un hombre por otro, sino que la homofobia castiga a un hombre que se considere afeminado por renunciar a los “privilegios” y a la vez obligaciones, sociales de dominar, golpear y humillar a otros y otras, (aunque ese proceso destruya nuestro espíritu y nos vayamos sintiendo cada vez mas solos y temerosos de que nuestras agresiones se vuelvan contra nosotros”. Asimismo, la homofobia se vuelve contra las mujeres que no acatan el ordenamiento de vivir bajo las órdenes de un hombre. La homofobia no es algo innato a los seres humanos. Como todo lo que un humano hace, la homofobia se aprende. Aprendemos a odiar a quienes son considerados menos humanos, a través de los mensajes que nos envía la familia y la sociedad y dejar de ser homofóbico no es fácil, pues implica superar aprendizajes inconscientes de miedo y superar el miedo a ser excluidos por no agredir a los diferentes, como lo exige la sociedad. La homofobia se aprende y se trasmite en un proceso social. Los primeros y más poderosos mensajes homofóbicos los recibimos en la infancia, de una manera traumática. A nadie, sus padres lo sentaron en sus piernas y le explicaron porque no les gustaría que fueran homosexuales o lesbianas. En cambio cuando expresaron un gesto o una palabra que no se consideraban “correctos” para los hombres o las mujeres, inmediatamente recibieron un castigo verbal o físico. De esta manera es como la mayoría aprendimos que ser “identificados” como homosexuales o lesbianas, nos ponía en peligro y a partir de entonces desarrollamos toda una serie de estrategias para evitar este riesgo independientemente de si lo somos o no. Y así es como la homofobia nos mutila a todos los seres humanos. Por todo lo anterior es que CECASH propone definir la homofobia como: “Mecanismo de control social que obliga a todas las personas a vigilarse y vigilar a los otros y otras, para no permitirse el afecto entre iguales y a mantener los modelos de dominación genérica de lo masculino sobre lo femenino y/o afeminado. La homofobia es también una respuesta a un trauma que sufrimos en la infancia y que nos mostró que romper el comportamiento que se esperaba de nosotros es peligroso. Por eso, en lo individual debe atenderse como un estrés postraumático y a nivel social como un problema de salud pública”.
La homofobia afecta el trabajo de prevención del VIH-sida porque: 1.- Aunque los hombres que tienen sexo con otros hombres son el grupo mas afectado por el sida, no han sido suficientemente enfocados por los programas educativos y preventivos. Sabemos que esto se debe en parte a que los organismos gubernamentales responsables de las campañas no quieren provocar respuestas de grupos conservadores.
Además, la voluntad política que pudiera existir no tiene refuerzo social debido a que los homosexuales, como grupo, no se encuentran organizados como ciudadanos, y no están organizados porque prefieren no aceptarse como homosexuales. 2.- Entre los jóvenes que tienen sexo con otros hombres, encontramos que, aunque sus potenciales parejas serán hombres que posiblemente ya tengan el VIH, no reciben la información que les permita sentirse seguros para ser capaces de negociar la protección.
Vemos que los jóvenes que tienen contacto con grupos de defensa de los derechos de los homosexuales, son los que han recibido mas información acerca del sida y del condón. Sin embargo, jóvenes que no tienen este contacto, han oído hablar en sus escuelas o en medios de difusión, pero no saben cómo usarlo. 3.- Los hombres que reconocen y aceptan su actividad sexual y se responsabilizan de ella, son los de más fácil acceso durante las escasas campañas preventivas. Sin embargo, en este grupo es posible encontrar a aquellos que creen que por tener un compromiso de monogamia (que acostumbran llamar fidelidad), no requieren el uso de técnicas sexuales protegidas.
Por todo esto, es que requerimos, como sociedad huachar contra la homofobia. Para eso, requerimos trabajar en diversas dimensiones:
• Personal. Incrementando la autoaceptación a nuestras diferencias y aprendiendo a valorarnos y respetarnos, incluso apoyándonos en profesionales.
• Social. Educando y reeducando en el respeto a la diversidad y promoviendo acciones de apoyo mutuo a nivel amplio.
• Política. Haciendo alianzas entre personas e instituciones que trabajan por una cultura de paz y buen trato y por el derecho a ejercer el afecto.
Así, juntos podemos impulsar políticas públicas de respeto a la diversidad y el ejercicio de los derechos sexuales de toda la población. Para más informes de esta perspectiva comunicarse con VICTOR VELASCO MORALES en
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